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jueves, octubre 29, 2026

Educar no puede costar la vida: violencia, poder y responsabilidad del Estado

Esta tarde escuchaba, a mi compañero del SUTEBA de la Agrupación Granate Rubén Delgado; quien conduce y produce un programa, “El Largo Adiós” por Radio Wen FM 93.9 en Quilmes; hacer una breve reflexión sobre la violencia hacia quienes educan en tiempos de Democracia, lo cual inspira este artículo donde comparto información e invito a un análisis. 

Hay acontecimientos que nos conmueven profundamente, pero que también nos obligan a preguntarnos qué está sucediendo con nuestra sociedad, con nuestras instituciones y con el valor que otorgamos a la vida humana. 

 El hallazgo del cuerpo de Nanci Estela Godoy, docente rural de Corrientes, vuelve a colocar ante nosotros una realidad dolorosa: quienes sostienen cotidianamente el derecho a la educación también pueden quedar expuestos a situaciones extremas de violencia, desprotección y abuso de poder. 

Nanci tenía 52 años y se desempeñaba como directora suplente de la Escuela Rural N.º 626, en el paraje El Malezal, departamento de Esquina. 

Su desaparición y posterior muerte son investigadas por la Justicia bajo la hipótesis de un femicidio. Tres hombres han sido imputados por ese delito y una mujer por homicidio simple. También se investiga si existió violencia sexual y si el crimen guarda relación con denuncias que la docente había realizado sobre las condiciones de funcionamiento de su escuela. Estas circunstancias todavía deben esclarecerse judicialmente. 

Pero hay una pregunta que no puede esperar: ¿qué condiciones de protección ofrece el Estado a una docente que trabaja en un territorio aislado, denuncia irregularidades y debe enfrentar relaciones de poder que pueden poner en riesgo su integridad? 

 No podemos naturalizar que enseñar, reclamar condiciones dignas de trabajo o denunciar situaciones irregulares se conviertan en actividades peligrosas. 

Tres acontecimientos que interpelan a nuestra democracia como dice Rubén Delgado, desde la recuperación democrática de 1983, algunos acontecimientos particularmente graves han dejado marcas profundas en la historia de la educación argentina. 

El 4 de abril de 2007, Carlos Fuentealba, docente neuquino, fue asesinado durante la represión policial de una protesta docente. El autor material, el policía Darío Poblete, fue condenado a prisión perpetua. Posteriormente, otros integrantes del operativo recibieron condenas por abuso de autoridad. Pero nunca se avanzó sobre las responsabilidades políticas.

Fuentealba reclamaba junto con sus compañeros mejores condiciones laborales. La respuesta estatal incluyó una violencia represiva que terminó con su vida. 

El 2 de agosto de 2018, en la Escuela Primaria N.º 49 de Moreno, provincia de Buenos Aires, murieron Sandra Calamano, vicedirectora, y Rubén Rodríguez, auxiliar docente, como consecuencia de una explosión provocada por una pérdida de gas. 


Las deficiencias edilicias habían sido advertidas. En 2023, la Justicia condenó a responsables de la intervención y la infraestructura escolar por incumplimiento de sus deberes, y al gasista interviniente por homicidio culposo agravado y defraudación. 

 Aquellas muertes ocurrieron durante la gobernación de María Eugenia Vidal, en un contexto de fuertes cuestionamientos de las comunidades educativas a la inversión y al mantenimiento de la infraestructura escolar. Pero tampoco se avanzó sobre estas responsabilidades políticas y estructurales. No se trató de una fatalidad inevitable. Existían responsabilidades concretas de garantizar condiciones seguras para enseñar y aprender. 

Hoy, en octubre de 2026, la muerte de Nanci Godoy nos enfrenta a otra expresión de violencia, con una dimensión de género que la investigación judicial debe terminar de esclarecer. 

No son tres acontecimientos idénticos.   En uno intervino la represión policial; en otro, el incumplimiento de obligaciones de seguridad e infraestructura; y en el tercero se investiga un crimen contra una mujer docente, posiblemente relacionado con violencia sexual y conflictos de poder. 

 Sin embargo, los tres nos obligan a formular una misma exigencia democrática: el Estado debe garantizar la vida, la integridad y las condiciones dignas de trabajo de quienes hacen posible el derecho social a la educación. 

 La violencia de género no comienza con una agresión física. Se construye y puede naturalizarse en relaciones sociales atravesadas por desigualdades, estereotipos y mandatos culturales.   El concepto de masculinidad hegemónica permite comprender cómo determinados modelos de ser varón se asocian con el dominio, la imposición de autoridad, la competencia, el control y la subordinación de otras personas. 

 Estos mandatos no son naturales. Son construcciones históricas y culturales que pueden ser cuestionadas y transformadas.  Cuando una mujer denuncia, reclama, contradice una autoridad o se niega a aceptar determinadas imposiciones, puede encontrarse frente a estructuras de poder que pretenden disciplinarla o silenciarla.   Por eso resulta indispensable investigar si las denuncias realizadas por Nanci Godoy tuvieron relación con su asesinato.   No podemos afirmar todavía que esa haya sido la motivación del crimen, pero tampoco podemos desentendernos de la posibilidad de que una mujer haya sido atacada en un contexto de disputas de poder y denuncias institucionales. 

La presencia de una mujer entre las personas imputadas también invita a una reflexión: el patriarcado no se sostiene exclusivamente por las acciones de los varones. Sus mandatos pueden ser reproducidos por personas de cualquier género cuando se naturalizan la subordinación, el silencio, la complicidad o el ejercicio arbitrario del poder. Esto no anticipa la responsabilidad penal de ninguna persona concreta. 

El desafío educativo consiste precisamente en romper con esas formas de vinculación. Financiar la educación también es cuidar la vida No podemos hablar seriamente del derecho a la educación sin discutir el financiamiento educativo. 

La inversión pública no es solamente una cuestión presupuestaria. Se expresa en edificios seguros, escuelas rurales accesibles, comunicaciones adecuadas, transporte, equipos de orientación, formación docente, condiciones laborales dignas y presencia efectiva del Estado. 

La muerte de Sandra y Rubén nos recuerda las consecuencias irreparables que pueden producir las fallas de infraestructura y la desatención de los reclamos escolares. El caso de Nanci Godoy nos obliga a preguntarnos por las condiciones de trabajo de las y los docentes rurales, especialmente en territorios donde el aislamiento geográfico y las relaciones de poder locales pueden incrementar su vulnerabilidad. 

Es necesario garantizar canales de denuncia seguros, protección efectiva para quienes informan irregularidades, respuestas administrativas oportunas y mecanismos de control que no dependan de las mismas autoridades cuestionadas. El financiamiento educativo debe ser suficiente, sostenido, transparente y acompañado de participación democrática de las comunidades. 

Cuidar la escuela pública también significa cuidar a quienes la sostienen. Que la memoria se convierta en compromiso Recordar a Carlos Fuentealba, Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, y reclamar justicia por Nanci Godoy, no puede reducirse a un homenaje. 

Sus historias nos exigen compromisos concretos. Necesitamos un Estado que garantice financiamiento educativo, infraestructura segura, protección de las y los trabajadores y respuestas efectivas frente a las denuncias. 

Necesitamos una gestión educativa que no reproduzca relaciones autoritarias ni silencie los conflictos, sino que los aborde desde la participación, la corresponsabilidad y el respeto por los derechos humanos. 

Y necesitamos una pedagogía que se atreva a cuestionar las estructuras culturales que naturalizan la violencia, especialmente aquellas que sostienen el machismo y la desigualdad de género.   La democracia no se fortalece solamente mediante sus instituciones formales.   También se construye cotidianamente en las relaciones humanas, en el ejercicio de la autoridad, en el reconocimiento de los derechos y en la posibilidad de que cada persona pueda expresarse sin temor. 

Una escuela que educa para el encuentro es una escuela que enseña a rechazar la violencia, a cuestionar el poder cuando se vuelve dominación y a reconocer que ninguna vida puede ser sacrificada por intereses políticos, económicos o institucionales.   

Que la memoria de quienes perdieron la vida mientras ejercían su tarea educativa se transforme en una exigencia colectiva de justicia.   Y que nuestras escuelas sean espacios donde comience a construirse esa nueva humanidad que tanto necesitamos. 

Porque educar es cuidar la vida. Y ninguna persona debería perderla por ejercer el derecho y la responsabilidad de enseñar.

Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela

lunes, mayo 18, 2026

En Quilmes: semana de la “Laudato Si’”. La escuela pública y la construcción de una comunidad del cuidado

En la Diócesis de Quilmes, de la que participo como hermano en la Comunidad de la Capilla Ntra Sra de Itatí Monte Matadero de Bernal, esta semana estamos invitados a reflexionar y poner en práctica las orientaciones y propuestas que el Papa Francisco realizó en su encíclica Laudato Si’, que literalmente toma las primeras palabras del cántico a la creación de San Francisco de Asís: “Alabado seas”. 

 Desde esa expresión profundamente espiritual y humana, Francisco construye una de las críticas más profundas al modelo cultural, económico y social dominante, al mismo tiempo que propone recuperar el sentido comunitario, el cuidado de la casa común y la responsabilidad colectiva frente al futuro de la humanidad. 

 En tiempos atravesados por el individualismo, la competencia permanente y la lógica del descarte, la encíclica Laudato Si’ emerge como una profunda interpelación ética, política y pedagógica. 

Lejos de limitarse a una reflexión “ecológica” en sentido restringido, constituye una crítica integral al modelo de sociedad construido bajo las lógicas del neoliberalismo y una invitación a reconstruir la vida comunitaria desde el cuidado, la solidaridad y la participación democrática. 

 Francisco advierte que la crisis ambiental no puede separarse de la crisis social.   El deterioro de la naturaleza, la exclusión de millones de personas, la fragmentación de los vínculos humanos y la pérdida del sentido comunitario forman parte de un mismo problema cultural.   Por eso plantea la necesidad de una “ecología integral”, donde el cuidado de la casa común incluye también el cuidado de las personas, especialmente de quienes más sufren. 

 En este marco, Pensar la escuela adquiere un lugar profundamente político y transformador. 

 No político en el sentido partidario, sino como espacio donde todavía es posible construir comunidad en una sociedad que muchas veces impulsa exactamente lo contrario: sujetos aislados, consumidores antes que ciudadanos, competencia antes que solidaridad, mérito individual antes que justicia social. 

 La escuela pública, especialmente en los barrios populares, continúa siendo uno de los pocos espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden experimentar formas de encuentro colectivo, participación y construcción democrática. 

Allí radica una de sus mayores potencias.   En este sentido, las políticas educativas de cuidado impulsadas en la Provincia de Buenos Aires, particularmente a partir de la Comunicación Conjunta N.º 1/23, dialogan profundamente con la perspectiva de Laudato Si’. 

La idea de corresponsabilidad, de construcción colectiva de las intervenciones, de escucha activa y de reconocimiento de las y los estudiantes como sujetos de derecho supone una concepción de escuela muy distinta a la lógica punitiva o meramente administrativa.    Cuidar no es controlar.   

Cuidar es construir vínculos institucionales donde cada estudiante pueda sentirse reconocido, escuchado y alojado.   Es comprender que detrás de muchas situaciones de conflicto, violencia o ausencias reiteradas existen trayectorias atravesadas por el sufrimiento social, la desigualdad y la fragilidad de los lazos comunitarios. 

 Por eso resulta central habilitar espacios reales de participación estudiantil.   Escuchar a las y los jóvenes no puede ser una formalidad vacía ni una práctica esporádica.   Implica reconocerlos como protagonistas de la vida institucional y de la construcción democrática de la escuela.   

Los Centros de Estudiantes, los proyectos colectivos, las experiencias solidarias, las propuestas de investigación comunitaria, las jornadas de debate, las actividades artísticas y culturales son mucho más que “actividades escolares”: son experiencias concretas donde se aprende a vivir con otros, a construir consensos, a ejercer la palabra y a comprometerse con la realidad.    

La escuela constituye hoy uno de los pocos espacios capaces de construir una mirada crítica frente al sistema imperante.    Mientras la lógica neoliberal impulsa el individualismo, la competencia permanente y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, la educación pública todavía puede generar experiencias de solidaridad, participación democrática y construcción comunitaria. 

 Educar también implica formar protagonistas de las transformaciones sociales que se vuelven urgentes y necesarias para garantizar la subsistencia de la humanidad y el cuidado de la casa común para las futuras generaciones.    Por eso defender la escuela pública no es solamente defender una institución: es defender la posibilidad misma de construir un futuro más humano, más justo y más solidario. 

 En una época donde el mercado busca transformar todo en mercancía —incluso los vínculos humanos—, la escuela puede transformarse en un espacio de resistencia cultural y de construcción de humanidad.   

También por eso defender la escuela pública es defender una determinada idea de sociedad...
  • Una sociedad donde nadie sobra. 
  •  Donde la fragilidad no sea motivo de exclusión. 
  •  Donde el otro no sea visto como amenaza o competencia. 
  •  Donde la democracia no se reduzca únicamente al acto electoral sino que se construya cotidianamente desde la participación, la escucha y la responsabilidad colectiva. 
 Tal vez allí resida uno de los aportes más profundos de Laudato Si’ para pensar la educación hoy: recordarnos que todo está conectado.   Que no hay justicia ambiental sin justicia social.   Que no hay cuidado posible sin comunidad.   Y que educar también implica enseñar a habitar el mundo desde la solidaridad, la ternura y la responsabilidad con los otros. 

 Porque frente a una cultura del descarte, la escuela todavía puede seguir diciendo, todos los días, que cada estudiante importa.

Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela

jueves, marzo 19, 2026

Terrorismo de Estado y genocidio en Argentina: memoria, verdad y justicia.

Reflexión crítica sobre el terrorismo de Estado y el genocidio cometidos en Argentina durante la dictadura cívico-militar, y la importancia de la memoria, verdad y justicia en la vida democrática actual.


A 50 años del inicio de la última Dictadura En Argentina es necesario declarar que hubo terrorismo de Estado y genocidio.

No es una interpretación subjetiva ni una opinión aislada: el terrorismo de Estado en nuestro país se configuró como una práctica sistemática de represión, detenciones, desapariciones, torturas y asesinatos cometidos por el aparato estatal durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983.    

Las organizaciones de derechos humanos, numerosos historiadores y fallos judiciales han sostenido que estas acciones constituyeron un plan sistemático de exterminio de sectores sociales y políticos que cuestionaban al poder, en lo que muchos califican como genocidio político o político-social.

Negar estos hechos, relativizarlos o reivindicarlos no es un ejercicio académico: es un acto de negacionismo que hiere la memoria de quienes fueron víctimas y sus familias, y que contradice el conjunto de juicios de lesa humanidad, las políticas públicas de memoria y el consenso de amplios sectores de la sociedad sobre la importancia de recordar “nunca más”.

El terrorismo de Estado no fue un conjunto de “excesos” o “errores”, ni un enfrentamiento equitativo entre dos bandos armados. Fue una política de Estado que utilizó los recursos del aparato estatal para suprimir a quienes consideraba enemigos, con métodos clandestinos, violencia sistemática y violación sostenida de derechos humanos fundamentales.

La memoria de esos hechos —representada hoy en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que se conmemora cada 24 de marzo y cuyo aniversario este año 2026 son los 50 años — no es una evocación abstracta: es una condición para la democracia, una respuesta a quienes pretenden relativizar o justificar violencias estatales y una demanda por verdad y justicia para las víctimas y sus descendientes.

Sostener que hubo terrorismo de Estado y genocidio no es repetir un lema; es reconocer un hecho histórico complejo, construido sobre miles de testimonios, investigaciones y decisiones judiciales que buscan reparar, en lo posible, las consecuencias de un proyecto político que destruyó vidas, familias y tejido social.     Los militares que perpetraron ese golpe de Estado planificaron, ejecutaron y sostuvieron un plan sistemático de exterminio sobre la población.    También planificaron y de manera sistemática el robo de bebés como si fueran "trofeos de guerra".

El objetivo principal de la Dictadura, y también del genocidio, fue llevar adelante políticas económicas liberales que destruyeran el aparato productivo industrial, deteniendo el desarrollo tecnológico y soberano de la Argentina. 

José Martínez de Hoz realizó una apertura indiscriminada de importanciones, llevó al pais a ser sólo un país agroexportador y de materias primas, sometido a la política de EEUU, país que sostuvo y financió los Golpes Militares en toda latinoamérica.

Estas políticas económicas profundizaron la injusticia social, aceleraron la migración del campo a las ciudades generando bolsones de pobreza y villas miserias.

Son las mismas políticas económicas que desde la Libertad Avanza proponen como novedosas pero que son el fundamento último del endeudamiento nacional que nos esclaviza y no permite el desarrollo genuino y con Justicia Social que anhelamos.    Por este camino entregamos nuestra soberanía, nuestros recursos y la posibilidad de un desarrollo que incluya a todos y todas.

Por la Memoria y por respeto a los 30000 compañeres desaparecides.

MEMORIA, VERDAD y JUSTICIA - NUNCA MÁS el TERRORISMO DE ESTADO.   A 50 años de aquella fatídica fecha del inicio de la Dictadura Militar, Civil y Eclesiástica - 24 de Marzo de 1976

Lic. Ernesto Gabriel Cela.

Instagram y X : @ernestocela


jueves, marzo 12, 2026

Justicia curricular y participación estudiantil: horizontes de la secundaria actual

Pensar la escuela secundaria hoy implica reconocer que las transformaciones culturales, sociales y normativas de los últimos años interpelan profundamente a las instituciones educativas. En este contexto, el desafío no es solo garantizar la inclusión de las y los estudiantes, sino también asegurar condiciones pedagógicas que permitan aprendizajes significativos, participación democrática y construcción de proyectos de futuro.

Las condiciones de época que atravesamos exigen que la escuela secundaria ofrezca una propuesta formativa que, tanto en sus condiciones materiales como en sus definiciones pedagógicas, reconozca la condición juvenil y fortalezca la construcción de un proyecto de futuro para las y los estudiantes.

En este sentido, las transformaciones culturales y normativas de los últimos años interpelan a la institución escolar y le demandan revisar sus modos de organización, sus prácticas institucionales y las formas de construir la convivencia, reafirmando a las y los estudiantes como sujetos de derecho. 

Al mismo tiempo, este escenario plantea a la escuela el desafío de mejorar los resultados académicos, no como una mera exigencia cuantitativa, sino como el fruto de procesos de enseñanza que promuevan aprendizajes profundos, significativos y sostenidos en el tiempo. 

En este marco, la memoria, el pensamiento crítico y la comprensión conceptual no se oponen a la innovación educativa; por el contrario, constituyen dimensiones complementarias que deben integrarse en las propuestas pedagógicas para fortalecer el desarrollo intelectual de las y los estudiantes. 

 Pensar la enseñanza desde esta perspectiva supone generar condiciones pedagógicas que articulen tradición e innovación, promoviendo prácticas que recuperen el valor del conocimiento, habiliten la reflexión crítica y permitan a las y los jóvenes comprender la complejidad del mundo contemporáneo, construyendo herramientas para proyectar su futuro personal, social y ciudadano. 

 En consonancia con este enfoque, el nuevo Régimen Académico de la educación secundaria en la Provincia de Buenos Aires establece una serie de principios orientadores que buscan reorganizar la vida institucional y pedagógica de las escuelas. 

Entre ellos resulta relevante destacar, en primer lugar, el principio de inclusión con más aprendizajes, que establece como prioridad garantizar el acceso, la permanencia y el egreso de todas y todos los estudiantes con aprendizajes significativos.   La inclusión, en este sentido, no se limita a asegurar la presencia en la escuela, sino que compromete a las instituciones a generar propuestas de enseñanza que posibiliten una apropiación real de los saberes. 

 En segundo lugar, el principio de justicia curricular reconoce la necesidad de desarrollar propuestas de enseñanza que contemplen las diferencias y que, en la búsqueda de la igualdad, promuevan una formación que habilite a las y los jóvenes a participar como ciudadanas y ciudadanos activos, críticos, informados y reflexivos en las sociedades de las que forman parte. 

 A su vez, el Régimen Académico enfatiza la democratización de las instituciones y la participación estudiantil, entendiendo que la profundización de la vida democrática requiere de prácticas institucionales y pedagógicas que promuevan la cooperación, el diálogo y la construcción colectiva de acuerdos en la vida escolar. 

 Finalmente, se reafirma la transversalidad de la Educación Sexual Integral, entendida como una perspectiva que atraviesa el conjunto de las prácticas educativas y que contribuye a la construcción de vínculos respetuosos, al reconocimiento de la diversidad y al ejercicio pleno de derechos. 

 De este modo, los principios que orientan el Régimen Académico se articulan con la necesidad de fortalecer propuestas institucionales y pedagógicas que integren inclusión, aprendizaje significativo, participación democrática y formación integral de las y los estudiantes, consolidando a la escuela secundaria como un espacio de transmisión cultural, construcción de ciudadanía y proyección de futuro.


Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela

jueves, febrero 12, 2026

La tarea docente hoy: prácticas conscientes, política y derechos.

Reflexión crítica sobre el rol docente, las implicancias sociopolíticas de las prácticas en el aula y la responsabilidad ética y educativa en contextos de vulneración de derechos.

Reflexionar sobre qué significa ser docente hoy no es solo una cuestión de técnicas, métodos o planificaciones: es preguntarse por el lugar que ocupamos en una trama social, política y cultural donde la escuela se juega todos los días el derecho a aprender, a pensar y a construir ciudadanía.

Ser docente implica definir nuestra relación con el conocimiento (tanto en su producción como en su transposición), pero también implica comprender que las prácticas áulicas no son neutrales: están atravesadas por condiciones estructurales de inequidad, por políticas públicas que a veces abandonan a estudiantes y/o por lógicas sociales que configuran las subjetividades de quienes enseñamos y de quienes aprenden.

Desde la didáctica general sabemos que hay estrategias de enseñanza y de aprendizaje.   Pero no hay pedagogía fuera de la política: las decisiones que tomamos sobre qué y cómo enseñar, qué evaluar, qué priorizar, siempre configuran sujetos, porque no solo transmiten contenidos, sino también valores, expectativas y modos de situarse en el mundo.

Por eso, no alcanza con dominar técnicas. Para ser docentes responsables en contextos complejos se necesita:

  • justicia y equidad en el trato con las y los estudiantes;

  • dominio de las disciplinas que enseñamos;

  • intencionalidad pedagógica y ética que reconozca las condiciones de vida de cada persona;

  • capacidad de corregir, sostener y acompañar en contextos donde la desigualdad social todavía marca fuertemente las trayectorias educativas.

Lo que hacemos en el aula no es un mero traslado de contenidos, sino la construcción de condiciones para la emancipación: enseñar a observar, analizar, formular hipótesis, encontrar soluciones, discutir y apropiarse del propio saber. Esto no ocurre fuera de las tensiones sociales: las escuelas están insertas en realidades donde las políticas públicas de educación, salud, cultura y protección social influyen —y muchas veces determinan— las posibilidades reales de aprender y de enseñar.

Ser consciente de esas implicancias sociopolíticas no es optar por una postura ideológica abstracta: es comprender que nuestras prácticas pueden reproducir o transformar las condiciones que enfrentan las infancias y juventudes. Por eso, hoy más que nunca, la labor docente es una tarea política —en el mejor sentido de la palabra— porque implica afirmar la escuela pública como **espacio de derechos, de igualdad y de sentido común emancipado—no de conformismo— en un mundo que reclama atención, justicia y cuidado para todas y todos.

En este marco, la implementación del nuevo Régimen Académico para la Educación Secundaria expresa una definición clara de política educativa: no resignar el derecho a aprender, aun cuando las trayectorias estén atravesadas por interrupciones, desigualdades o condiciones adversas.   El Régimen no propone bajar expectativas ni diluir la enseñanza, sino reorganizar el tiempo, las prácticas y las responsabilidades institucionales para que la escuela pueda responder de manera más justa y efectiva a la diversidad de situaciones reales que transitan las y los estudiantes.

El período de intensificación de la enseñanza, en particular, no debe ser leído como un “parche” ni como un espacio residual destinado a quienes “no pudieron” aprender, sino como una instancia pedagógica con sentido propio, que exige planificación, acuerdos colectivos y un posicionamiento docente activo.   Intensificar es volver a enseñar, de otro modo y con otras estrategias; es asumir que el aprendizaje no ocurre siempre en los mismos tiempos ni bajo las mismas condiciones, y que garantizar el derecho a la educación implica multiplicar las oportunidades de aprender, no clausurarlas mediante lógicas selectivas o expulsivas.


Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela 

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jueves, enero 29, 2026

LES PIBES NO SON PELIGROSOS: educación obligatoria, derechos y dignidad.

Reflexión sobre cómo la desprotección social y el abandono de políticas educativas y de acompañamiento ponen en riesgo a niños, adolescentes y jóvenes, y por qué la educación obligatoria es una garantía de derechos.

Enero 2009 Jornada de Pesca Villa El Matadero

Les pibes no son peligrosos; están en riesgo.   No es una frase retórica: es una constatación que emerge de la experiencia concreta de escuelas, barrios y territorios donde la ausencia del Estado —educativo, social, cultural y sanitario— se traduce en marginación, vulneración de derechos y, en muchos casos, en violencia estructural.

Cuando un Estado se desentiende de políticas públicas integrales que garanticen educación, cuidado, espacios de socialización y acompañamiento, los efectos son previsibles: las infancias y juventudes quedan expuestas a desigualdades profundas, a circuitos de precariedad y a lógicas que no son propias de los jóvenes sino impuestas por la falta de oportunidades.

La escuela, en este contexto, no es un “lugar de encierro” ni un dispositivo coercitivo. Es un derecho colectivo y una trama de sostén: posibilita redes de afecto, acceso al conocimiento, tiempo estructurado de aprendizaje y convivencia, acompañamiento profesional y, sobre todo, un horizonte de expectativas que no se reduce a la mera supervivencia.

Quitar el carácter obligatorio de la educación —o promover reformas que la transformen en algo optativo o flexible en su núcleo esencial— es abandonar políticamente a les pibes y pibas.   No solo se pone en riesgo la escolarización formal: se debilita toda la trama de cuidado social que la escuela sostiene en comunidades donde otros dispositivos del Estado ya son insuficientes o inexistentes.

La obligatoriedad de la educación secundaria no es un capricho de normativa: es una garantía de derechos.   Instituirla es decir que toda persona joven tiene el derecho a aprender, a desarrollar capacidades, a construir ciudadanía y a proyectar su vida más allá de la injusticia estructural.

Negar esa obligatoriedad o relativizarla bajo supuestas recetas de “flexibilización” termina siendo una política de abandono, que profundiza la brecha entre quienes tienen oportunidades y quienes no las tienen. Y quienes hoy están en esa brecha —niños, niñas y adolescentes de sectores populares— no son “peligrosos”. Son sujetos de derecho que reclaman políticas públicas que no los dejen solos.

Alguno de nosotros no sólo somos educadores en estos Barrios o villas, también somos militantes de un modo de abordar la relación con ellos, ofrecemos una convivencia en alguna etapa de nuestra vida en villas, como en Villa Itatí de Quilmes y Villa Matadero en Bernal y puedo atestiguar que en esos pasillos he visto y experimentado solidaridades como no se dan en otros lugares.

Mamás que salen al encuentro de los hijos de otras madres y los sientan en sus mesas para alimentarlos, mujeres que se organizan para defender a sus vecinas de casos de violencia, madres y jóvenes que se exponen ante la violencia de unos pocos (que han sido violentados con anterioridad) para rescatar algún pibe de la esquina, amigos y amigas que aconsejan, abrazan, besan y dan calor a otres que necesitan.

Los pasillos no son peligrosos, los pasillos son el clamor de una justicia social oculta por la cual los militantes educadores estamos dispuestos a compartir nuestras vidas.

Los pibes no son peligrosos.  Ellos están en peligro por un sistema de exclusión económico y financiera  que gobiernos como el de Milei llevan adelante sin ningún escrúpulo.

En cada pibe/ba encontramos la esperanza de un proyecto de vida y de felicidad, por el que seguiremos con una propuesta educativa seria y responsable generar vínculos necesarios para la construcción de una Justicia Social y Justicia Educativa que van de la mano.

Ernesto Gabriel Cela

En Instagram y X: @ernestocela