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jueves, julio 28, 2016

¿Es lícito o inmoral el uso de datos personales sin concentimiento de las personas?

No soy abogado pero sí un ciudadano preocupado por la desinformación que circula de un tema delicado como el tratamiento de los datos personales.  Por eso, y accediendo a la información pública, comparto mi impresión sobre este asunto en este posteo.

La Ley 25326 denominada de Habeas Data (Protección de Datos Personales) fué sancionada el 4 de octubre de 2000 y promulgada parcialmente el 30 de octubre del mismo año.

Esta ley  tiene por objeto la protección integral de los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, sean éstos públicos, o privados destinados a dar informes, para garantizar el derecho al honor y a la intimidad de las personas, así como también el acceso a la información que sobre las mismas se registre, de conformidad a lo establecido en el artículo 43, párrafo tercero de la Constitución Nacional.

En su artículo 4 inciso 3 dice: Los datos objeto de tratamiento no pueden ser utilizados para finalidades distintas o incompatibles con aquellas que motivaron su obtención.

Art 5 Inc. 1 El tratamiento de datos personales es ilícito cuando el titular no hubiere prestado su consentimiento libre, expreso e informado, el que deberá constar por escrito, o por otro medio que permita se le equipare.

En el Inc. 2 dice que no es necesario el consentimiento si se trata de listados cuyos datos se limiten a: nombre, documento nacional de identidad, identificación tributaria o previsional, ocupación, fecha de nacimiento y domicilio.

Estos son los datos que menciona el decreto que solicita se transfieran de la Base de datos de ANSES a la Jefatura de Gabinete.

El decreto, en este punto, no vulnera la ley.  En lo que vulnera la ley es en el inciso 3 del Art. 4 porque los datos de ANSES no pueden ser utilizados para finalidades distintas con aquellas con las que motivan su obtención.

Pero además, al día de hoy y con la información que todos los usuarios publicamos en las redes sociales; además de la información que ofrecemos con las aplicaciones en los celulares; el entrecruzamiento de datos ofrece la posibilidad de acceder a datos sensibles y a una segmentación que facilita el Márketing.

En síntesis, el problema es en primer lugar "legal" cuanto se vulnera el inc. 3 del Art. 4 de la Ley; y en segundo lugar es "Ético" porque se hace sin consentimiento de los usuarios, si bien no lo prohibe la ley, pero sí está en su espíritu.

La diferencia fundamental con las redes sociales o las aplicaciones de los celulares, es que nosotros podemos limitar el acceso de estas redes a nuestros datos, que podemos decidir a quienes mostrarlos o si son públicos; y hasta podemos eliminarlos en cualquier momento.

En cambio esos datos actualizados a los que accederá Jefatura de Gabinete no podemos borrarnos, no tenemos la opción de solicitar sean eliminados, y allí se vulnera un derecho que la Ley de Habeas Data protege explícitamente.
 
Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - ernestocela@gmail.com

jueves, junio 12, 2014

Leonardo Boff: "Nuestros presupuestos equivocados nos pueden destruir"

Los presupuestos en nuestro conocimiento sobre la realidad influyen decididamente sobre las acciones que llevamos adelante en nuestra relación con ella, en la cultura que constituimos como sociedad.  De esto nos habla con mucha sabiduría y con datos más que elocuentes el filósofo y teólogo Leonardo Boff.  Aquí abajo les comparto su reflexión extractado de su Blog.

Fuente: Blog de Leonardo Boff
Innegablemente estamos viviendo una crisis de los fundamentos que sustentan nuestra forma de habitar y organizar el planeta Tierra y de tratar los bienes y servicios de la naturaleza. En la perspectiva actual están totalmente equivocados, son peligrosos y amenazadores del sistema-vida y del sistema-Tierra. Tenemos que ir más lejos.

Dos de los padres fundadores de nuestro modo de ver el mundo, René Descartes (1596-1650) y Francis Bacon (1561-1626) son sus principales formuladores. Veían la materia como algo totalmente pasivo e inerte. La mente existía exclusivamente en los seres humanos. Estos podían sentir y pensar mientras que los demás animales y seres actuaban como máquinas, desposeídas de cualquier subjetividad y propósito.

Lógicamente, esta comprensión creó la ocasión para que se tratase a la Tierra, a la naturaleza y a los seres vivos como cosas de las cuales podíamos disponer a nuestro gusto. En la base del proceso industrialista salvaje está esta comprensión que persiste aún hoy, incluso dentro de las universidades llamadas progresistas, pero rehenes del viejo paradigma.

Las cosas, sin embargo, no es que sean así. Todo cambió cuando A. Einstein mostró que la materia es un campo densísimo de interacciones, y más aún, que ella en realidad no existe en el sentido común de la palabra: es energía altamente condensada. Basta un centímetro cúbico de materia, como le oí decir en 1967 en su último semestre de clases en la Universidad de Munich a Werner Heisenberg, uno de los fundadores de la física de las partículas subatómicas, la mecánica cuántica, que si ese poco de materia fuese transformado en pura energía podría desestabilizar todo nuestro sistema solar.

En 1924 Edwin Hubble (1889-1953) con su telescopio en el Monte Wilson en el sur de California, descubrió que no solamente existía nuestra galaxia, la Vía Láctea, sino cientos de ellas (hoy cien mil millones). Notó, curiosamente, que se están expandiendo y alejándose unas de otras a velocidades inimaginables. Tal verificación llevó a los científicos a suponer que el universo observable había sido mucho menor, un puntito ínfimo que después se inflacionó y explotó, dando origen al universo en expansión. Un eco ínfimo de esa explosión puede ser identificado todavía, lo cual permite datar el evento como algo ocurrido have 13.700 millones de años.

Una de las mayores contribuciones que están desmantelando la antigua mirada sobre la Tierra y la naturaleza proceden del premio Nobel de química el ruso-belga Ilya Prigogine (1917-2003). El dejó atrás la concepción de materia como inerte y pasiva y demostró experimentalmente que elementos químicos colocados bajo determinadas condiciones pueden organizarse a sí mismos bajo modelos complejos que requieren la coordinación de billones de moléculas. Estas no necesitan instrucciones ni los seres humanos entran en su organización. Ni siquiera existen códigos genéticos que guíen sus acciones. La dinámica de su autoorganización es intrínseca, como la del universo, y articula todas las interacciones.

El universo está penetrado de un dinamismo autocreativo y autoorganizativo que estructura las galaxias, las estrellas y los planetas. De vez en cuando a partir de la Energía de Fondo se producen afloraciones de nuevas complejidades que hacen aparecer, por ejemplo, la vida y la vida consciente y humana.

Toda esa dinámica cósmica tiene tiempos propios: tiempo de las galaxias, de las estrellas, de la Tierra, de los distintos ecosistemas con sus representantes, cada uno también con su propio tiempo, de las flores, de las mariposas, etc. Los organismos vivos especialmente tienen sus tiempos biológicos propios, uno para los microorganismos, otro para los bosques y las selvas, otro para los animales, otro para los océanos, otro para cada ser humano.

¿Qué hemos hecho nosotros modernamente para gestar la crisis actual?

Inventamos el tiempo mecánico y siempre igual de los relojes. El dirige la vida y todo el proceso productivo, no tomando en cuenta los demás tiempos. Somete el tiempo de la naturaleza al tiempo tecnológico. Un árbol, por ejemplo, necesita 40 años para crecer y una motosierra lo derriba en dos minutos. No cultivamos ningún respeto hacia los tiempos de cada cosa. Así no les damos tiempo de rehacerse de nuestras devastaciones: contaminamos los aires, envenenamos los suelos y quimicalizamos casi todos nuestros alimentos. La maquina vale más que el ser humano.

Al no concedernos un sábado, bíblicamente hablando, para que la Tierra descanse, la extenuamos, la mutilamos y dejamos que enferme casi mortalmente, destruyendo las condiciones de nuestra propia subsistencia.

En este momento estamos viviendo un tiempo en el que la propia Tierra está tomando conciencia de su enfermedad. El calentamiento global indica que ella va a entrar en otro tiempo. Si seguimos maltratándola y no la ayudamos a estabilizarse en ese otro tiempo, podemos contar las décadas que faltan para la tribulación de la desolación. Por causa de nuestros equívocos no concientizados y formulados have siglos que no hemos corregido y obstinadamente reafirmamos.



Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - ernestocela@gmail.com