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jueves, diciembre 18, 2014

Igualdad y libertad...¿Cuál priorizamos?

La desigualdad manifiesta injusticia
Un muy buen debate escuché esta manaña entre Victor Hugo Morales (@vh590) y Nelson Castro (@nelsonalcastro) acerca del régimen cubano y de la realidad del pueblo en ese país.

Hay que reconocer, y ambos periodistas coincidían en eso, que el nivel de educación, la salud y el desarrollo humano en Cuba ha alcanzado niveles de primer orden, a pesar del bloqueo económico impuesto por la primer potencia mundial por más de 50 años.

Nelson Castro cuestionaba la falta de libertad política y de expresión en la isla, y que este déficit atentaba contra los Derechos Humanos.  En este punto Victor Hugo planteaba que en Cuba se ha priorizado la Igualdad por sobre la Libertad y que "Sin igualdad no hay libertad posible, ni de expresión ni política"

La postura de Nelson Castro coincide con el pensamiento de Milton Friedman, padre del Neoliberalismo, que afirmaba: "Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas.  Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas".

La postura de Victor Hugo está más de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia.  Para la Iglesia el principio de Igualdad está dado por la Dignidad de la persona humana, creado a Imagen y Semejanza de Dios.  Ahora este principio está amenazado por el pecado del hombre, por él es que aparece la injusticia, la desigualdad en el reparto de los bienes materiales y, por lo tanto, en la oportunidad de alcanzar un desarrollo armónico de su vida.

Los profetas en Israel (Amós, Oseas, Miqueas) denuncian fuertemente cómo la injusticia, la desigualdad, ha sido fruto del libertinaje, de la ruptura con la Alianza hecha con Dios, del alejamiento de la práctica de la Ley de Moisés.  

Amós (Am 4,1-13) pone en evidencia los crímenes de los pueblos, de Israel y de los individuos. De Israel denuncia especialmente los pecados contra la ley divina de la Alianza y contra la justicia: venden al justo por dinero, el rico explota al pobre, acumulan riquezas. De los individuos denuncia la corrupción, las divisiones, la explotación, el culto exterior, el orgullo. 

No cabe dudas que todos los habitantes del país somos diferentes, la heterogeneidad en la sociedad es la constante.  Hay diferencias "justas" por las cuales no se puede incurrir a un trato igual entre desiguales.  ¿Puede la igualdad como principio o valor ético borrar las desigualdades en las aptitudes naturales de cada individuo, las cuales son diversas y distintas?.

La igualdad formal es aquella en que todos somos considerados como iguales ante la ley, todos somos sujetos de derecho con iguales derechos civiles. A esta se refiere el Artículo 16 de la Constitución Nacional.

La igualdad real es aquella en que el Estado juega un rol intervencionista intentando estabilizar la igualdad económica-social de sus habitantes. Un ejemplo en nuestra Constitución sobre la búsqueda de una igualdad real la encontramos en el art. 14 bis.

Por lo cual hay que entender que la expresión formal es un ideal al que debemos tender y que se podrá alcanzar haciendo crecer la igualdad real, o mejor dicho avanzar mayores niveles de igualdad.    

Creo no caben dudas que sólo se pueden alcanzar estos niveles mayores de igualdad real con intervención.  Lo vivimos en el campo privado: no tratamos igual a todos nuestros hijos, menos aún si las diferencias entre ambos son marcadas, y no por eso somos injustos. (Lc 15 - Parábola del Hijo Pródigo)

En el campo político social sucede lo mismo: sólo la intervención del Estado puede ayudarnos a avanzar en mayores niveles de igualdad.   Como contrapartida sólo esa intervención puede llevarnos a mayores niveles de libertad real para aprovechar las oportunidades que de otro modo los ciudadanos pueden perder.

"La verdad los hará libres" decía Jesús. ¿Podemos decir que la Igualdad nos hará libres? Para pensar...

 
 Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - ernestocela@gmail.com

miércoles, diciembre 03, 2014

Los límites de la Propiedad Privada


Cuando escucho hablar a algunos economistas sobre lo que consideran "la excesiva carga impositiva sobre los medios de producción" o a los miembros de la Sociedad Rural Argentina que critican la política agropecuaria llevada adelante en estos últimos años, después claro de haber aplicado en sus campos una generalización del monocultivo, "sojización" como se dice vulgarmente, recuerdo la condena total y la advertencia clara sobre las consecuencias que estas posturas de la Iglesia Católica a estas posturas desde la década de los '60.

Comparto una pequeña selección de textos de la Populorum Progressio, Encíclica de la Iglesia Católica escrita el 26 de Marzo de 1967, y que retoma palabras del Concilio en 1965.

"Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados, en forma equitativa, deben alcanzar a todos bajo la dirección de la justicia acompañada por la caridad"    Y agrega la PP: "Y todos los demás derechos, cualesquiera sean, aun comprendidos en ellos los de propiedad y libre comercio, a ello están subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, deben facilitar su realización y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primaria."

"Con las nuevas condiciones creadas a la sociedad, en mala hora se ha estructurado un sistema en el que el provecho se consideraba como el motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema en la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites y obligaciones sociales que le correspondieran. Este liberalismo sin freno conducía a la dictadura, denunciada justamente por Pío XI como generadora del imperialismo internacional del dinero. Nunca se condenarán bastante semejantes abusos, recordando una vez más solemnemente que la economía se halla al servicio del hombre".

Es clara la denuncia contra quienes evaden impuestos, contra los que defienden la propiedad de la tierra como propiedad privada absoluta, que la usufructúan con el sólo objeto de obtener ganancias a cualquier precio, sin el cuidado del medio ambiente...

Estas conductas no solo están fuera de la ley, normativa del Estado Argentino, sino también en contra de la doctrina cristiana.  Aún nos falta a muchos católicos vivir esta doctrina que tiene casi ya 50 años.




Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - ernestocela@gmail.com