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lunes, mayo 18, 2026

En Quilmes: semana de la “Laudato Si’”. La escuela pública y la construcción de una comunidad del cuidado

En la Diócesis de Quilmes, de la que participo como hermano en la Comunidad de la Capilla Ntra Sra de Itatí Monte Matadero de Bernal, esta semana estamos invitados a reflexionar y poner en práctica las orientaciones y propuestas que el Papa Francisco realizó en su encíclica Laudato Si’, que literalmente toma las primeras palabras del cántico a la creación de San Francisco de Asís: “Alabado seas”. 

 Desde esa expresión profundamente espiritual y humana, Francisco construye una de las críticas más profundas al modelo cultural, económico y social dominante, al mismo tiempo que propone recuperar el sentido comunitario, el cuidado de la casa común y la responsabilidad colectiva frente al futuro de la humanidad. 

 En tiempos atravesados por el individualismo, la competencia permanente y la lógica del descarte, la encíclica Laudato Si’ emerge como una profunda interpelación ética, política y pedagógica. 

Lejos de limitarse a una reflexión “ecológica” en sentido restringido, constituye una crítica integral al modelo de sociedad construido bajo las lógicas del neoliberalismo y una invitación a reconstruir la vida comunitaria desde el cuidado, la solidaridad y la participación democrática. 

 Francisco advierte que la crisis ambiental no puede separarse de la crisis social.   El deterioro de la naturaleza, la exclusión de millones de personas, la fragmentación de los vínculos humanos y la pérdida del sentido comunitario forman parte de un mismo problema cultural.   Por eso plantea la necesidad de una “ecología integral”, donde el cuidado de la casa común incluye también el cuidado de las personas, especialmente de quienes más sufren. 

 En este marco, Pensar la escuela adquiere un lugar profundamente político y transformador. 

 No político en el sentido partidario, sino como espacio donde todavía es posible construir comunidad en una sociedad que muchas veces impulsa exactamente lo contrario: sujetos aislados, consumidores antes que ciudadanos, competencia antes que solidaridad, mérito individual antes que justicia social. 

 La escuela pública, especialmente en los barrios populares, continúa siendo uno de los pocos espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden experimentar formas de encuentro colectivo, participación y construcción democrática. 

Allí radica una de sus mayores potencias.   En este sentido, las políticas educativas de cuidado impulsadas en la Provincia de Buenos Aires, particularmente a partir de la Comunicación Conjunta N.º 1/23, dialogan profundamente con la perspectiva de Laudato Si’. 

La idea de corresponsabilidad, de construcción colectiva de las intervenciones, de escucha activa y de reconocimiento de las y los estudiantes como sujetos de derecho supone una concepción de escuela muy distinta a la lógica punitiva o meramente administrativa.    Cuidar no es controlar.   

Cuidar es construir vínculos institucionales donde cada estudiante pueda sentirse reconocido, escuchado y alojado.   Es comprender que detrás de muchas situaciones de conflicto, violencia o ausencias reiteradas existen trayectorias atravesadas por el sufrimiento social, la desigualdad y la fragilidad de los lazos comunitarios. 

 Por eso resulta central habilitar espacios reales de participación estudiantil.   Escuchar a las y los jóvenes no puede ser una formalidad vacía ni una práctica esporádica.   Implica reconocerlos como protagonistas de la vida institucional y de la construcción democrática de la escuela.   

Los Centros de Estudiantes, los proyectos colectivos, las experiencias solidarias, las propuestas de investigación comunitaria, las jornadas de debate, las actividades artísticas y culturales son mucho más que “actividades escolares”: son experiencias concretas donde se aprende a vivir con otros, a construir consensos, a ejercer la palabra y a comprometerse con la realidad.    

La escuela constituye hoy uno de los pocos espacios capaces de construir una mirada crítica frente al sistema imperante.    Mientras la lógica neoliberal impulsa el individualismo, la competencia permanente y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, la educación pública todavía puede generar experiencias de solidaridad, participación democrática y construcción comunitaria. 

 Educar también implica formar protagonistas de las transformaciones sociales que se vuelven urgentes y necesarias para garantizar la subsistencia de la humanidad y el cuidado de la casa común para las futuras generaciones.    Por eso defender la escuela pública no es solamente defender una institución: es defender la posibilidad misma de construir un futuro más humano, más justo y más solidario. 

 En una época donde el mercado busca transformar todo en mercancía —incluso los vínculos humanos—, la escuela puede transformarse en un espacio de resistencia cultural y de construcción de humanidad.   

También por eso defender la escuela pública es defender una determinada idea de sociedad...
  • Una sociedad donde nadie sobra. 
  •  Donde la fragilidad no sea motivo de exclusión. 
  •  Donde el otro no sea visto como amenaza o competencia. 
  •  Donde la democracia no se reduzca únicamente al acto electoral sino que se construya cotidianamente desde la participación, la escucha y la responsabilidad colectiva. 
 Tal vez allí resida uno de los aportes más profundos de Laudato Si’ para pensar la educación hoy: recordarnos que todo está conectado.   Que no hay justicia ambiental sin justicia social.   Que no hay cuidado posible sin comunidad.   Y que educar también implica enseñar a habitar el mundo desde la solidaridad, la ternura y la responsabilidad con los otros. 

 Porque frente a una cultura del descarte, la escuela todavía puede seguir diciendo, todos los días, que cada estudiante importa.

Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela

jueves, marzo 12, 2026

Justicia curricular y participación estudiantil: horizontes de la secundaria actual

Pensar la escuela secundaria hoy implica reconocer que las transformaciones culturales, sociales y normativas de los últimos años interpelan profundamente a las instituciones educativas. En este contexto, el desafío no es solo garantizar la inclusión de las y los estudiantes, sino también asegurar condiciones pedagógicas que permitan aprendizajes significativos, participación democrática y construcción de proyectos de futuro.

Las condiciones de época que atravesamos exigen que la escuela secundaria ofrezca una propuesta formativa que, tanto en sus condiciones materiales como en sus definiciones pedagógicas, reconozca la condición juvenil y fortalezca la construcción de un proyecto de futuro para las y los estudiantes.

En este sentido, las transformaciones culturales y normativas de los últimos años interpelan a la institución escolar y le demandan revisar sus modos de organización, sus prácticas institucionales y las formas de construir la convivencia, reafirmando a las y los estudiantes como sujetos de derecho. 

Al mismo tiempo, este escenario plantea a la escuela el desafío de mejorar los resultados académicos, no como una mera exigencia cuantitativa, sino como el fruto de procesos de enseñanza que promuevan aprendizajes profundos, significativos y sostenidos en el tiempo. 

En este marco, la memoria, el pensamiento crítico y la comprensión conceptual no se oponen a la innovación educativa; por el contrario, constituyen dimensiones complementarias que deben integrarse en las propuestas pedagógicas para fortalecer el desarrollo intelectual de las y los estudiantes. 

 Pensar la enseñanza desde esta perspectiva supone generar condiciones pedagógicas que articulen tradición e innovación, promoviendo prácticas que recuperen el valor del conocimiento, habiliten la reflexión crítica y permitan a las y los jóvenes comprender la complejidad del mundo contemporáneo, construyendo herramientas para proyectar su futuro personal, social y ciudadano. 

 En consonancia con este enfoque, el nuevo Régimen Académico de la educación secundaria en la Provincia de Buenos Aires establece una serie de principios orientadores que buscan reorganizar la vida institucional y pedagógica de las escuelas. 

Entre ellos resulta relevante destacar, en primer lugar, el principio de inclusión con más aprendizajes, que establece como prioridad garantizar el acceso, la permanencia y el egreso de todas y todos los estudiantes con aprendizajes significativos.   La inclusión, en este sentido, no se limita a asegurar la presencia en la escuela, sino que compromete a las instituciones a generar propuestas de enseñanza que posibiliten una apropiación real de los saberes. 

 En segundo lugar, el principio de justicia curricular reconoce la necesidad de desarrollar propuestas de enseñanza que contemplen las diferencias y que, en la búsqueda de la igualdad, promuevan una formación que habilite a las y los jóvenes a participar como ciudadanas y ciudadanos activos, críticos, informados y reflexivos en las sociedades de las que forman parte. 

 A su vez, el Régimen Académico enfatiza la democratización de las instituciones y la participación estudiantil, entendiendo que la profundización de la vida democrática requiere de prácticas institucionales y pedagógicas que promuevan la cooperación, el diálogo y la construcción colectiva de acuerdos en la vida escolar. 

 Finalmente, se reafirma la transversalidad de la Educación Sexual Integral, entendida como una perspectiva que atraviesa el conjunto de las prácticas educativas y que contribuye a la construcción de vínculos respetuosos, al reconocimiento de la diversidad y al ejercicio pleno de derechos. 

 De este modo, los principios que orientan el Régimen Académico se articulan con la necesidad de fortalecer propuestas institucionales y pedagógicas que integren inclusión, aprendizaje significativo, participación democrática y formación integral de las y los estudiantes, consolidando a la escuela secundaria como un espacio de transmisión cultural, construcción de ciudadanía y proyección de futuro.


Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela