En la Diócesis de Quilmes, de la que participo como hermano en la Comunidad de la Capilla Ntra Sra de Itatí Monte Matadero de Bernal, esta semana estamos invitados a reflexionar y poner en práctica las orientaciones y propuestas que el Papa Francisco realizó en su encíclica Laudato Si’, que literalmente toma las primeras palabras del cántico a la creación de San Francisco de Asís: “Alabado seas”.
Lic. Prof. Ernesto Gabriel Cela - Instagram y X: @ernestocela
Desde esa expresión profundamente espiritual y humana, Francisco construye una de las críticas más profundas al modelo cultural, económico y social dominante, al mismo tiempo que propone recuperar el sentido comunitario, el cuidado de la casa común y la responsabilidad colectiva frente al futuro de la humanidad.
En tiempos atravesados por el individualismo, la competencia permanente y la lógica del descarte, la encíclica Laudato Si’ emerge como una profunda interpelación ética, política y pedagógica.
Lejos de limitarse a una reflexión “ecológica” en sentido restringido, constituye una crítica integral al modelo de sociedad construido bajo las lógicas del neoliberalismo y una invitación a reconstruir la vida comunitaria desde el cuidado, la solidaridad y la participación democrática.
Francisco advierte que la crisis ambiental no puede separarse de la crisis social. El deterioro de la naturaleza, la exclusión de millones de personas, la fragmentación de los vínculos humanos y la pérdida del sentido comunitario forman parte de un mismo problema cultural. Por eso plantea la necesidad de una “ecología integral”, donde el cuidado de la casa común incluye también el cuidado de las personas, especialmente de quienes más sufren.
En este marco, Pensar la escuela adquiere un lugar profundamente político y transformador.
No político en el sentido partidario, sino como espacio donde todavía es posible construir comunidad en una sociedad que muchas veces impulsa exactamente lo contrario: sujetos aislados, consumidores antes que ciudadanos, competencia antes que solidaridad, mérito individual antes que justicia social.
La escuela pública, especialmente en los barrios populares, continúa siendo uno de los pocos espacios donde niñas, niños y jóvenes pueden experimentar formas de encuentro colectivo, participación y construcción democrática.
Allí radica una de sus mayores potencias. En este sentido, las políticas educativas de cuidado impulsadas en la Provincia de Buenos Aires, particularmente a partir de la Comunicación Conjunta N.º 1/23, dialogan profundamente con la perspectiva de Laudato Si’.
La idea de corresponsabilidad, de construcción colectiva de las intervenciones, de escucha activa y de reconocimiento de las y los estudiantes como sujetos de derecho supone una concepción de escuela muy distinta a la lógica punitiva o meramente administrativa. Cuidar no es controlar.
Cuidar es construir vínculos institucionales donde cada estudiante pueda sentirse reconocido, escuchado y alojado. Es comprender que detrás de muchas situaciones de conflicto, violencia o ausencias reiteradas existen trayectorias atravesadas por el sufrimiento social, la desigualdad y la fragilidad de los lazos comunitarios.
Por eso resulta central habilitar espacios reales de participación estudiantil. Escuchar a las y los jóvenes no puede ser una formalidad vacía ni una práctica esporádica. Implica reconocerlos como protagonistas de la vida institucional y de la construcción democrática de la escuela.
Los Centros de Estudiantes, los proyectos colectivos, las experiencias solidarias, las propuestas de investigación comunitaria, las jornadas de debate, las actividades artísticas y culturales son mucho más que “actividades escolares”: son experiencias concretas donde se aprende a vivir con otros, a construir consensos, a ejercer la palabra y a comprometerse con la realidad.
La escuela constituye hoy uno de los pocos espacios capaces de construir una mirada crítica frente al sistema imperante. Mientras la lógica neoliberal impulsa el individualismo, la competencia permanente y la mercantilización de todos los aspectos de la vida, la educación pública todavía puede generar experiencias de solidaridad, participación democrática y construcción comunitaria.
Educar también implica formar protagonistas de las transformaciones sociales que se vuelven urgentes y necesarias para garantizar la subsistencia de la humanidad y el cuidado de la casa común para las futuras generaciones. Por eso defender la escuela pública no es solamente defender una institución: es defender la posibilidad misma de construir un futuro más humano, más justo y más solidario.
En una época donde el mercado busca transformar todo en mercancía —incluso los vínculos humanos—, la escuela puede transformarse en un espacio de resistencia cultural y de construcción de humanidad.
También por eso defender la escuela pública es defender una determinada idea de sociedad...
- Una sociedad donde nadie sobra.
- Donde la fragilidad no sea motivo de exclusión.
- Donde el otro no sea visto como amenaza o competencia.
- Donde la democracia no se reduzca únicamente al acto electoral sino que se construya cotidianamente desde la participación, la escucha y la responsabilidad colectiva.
Tal vez allí resida uno de los aportes más profundos de Laudato Si’ para pensar la educación hoy: recordarnos que todo está conectado. Que no hay justicia ambiental sin justicia social. Que no hay cuidado posible sin comunidad. Y que educar también implica enseñar a habitar el mundo desde la solidaridad, la ternura y la responsabilidad con los otros.
Porque frente a una cultura del descarte, la escuela todavía puede seguir diciendo, todos los días, que cada estudiante importa.

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